La afinación del unisono: La cima del arte del afinador (Parte 4)

El unísono y la interpretación pianística.

Todos los aspectos, fases y técnicas en la afinación tienen una influencia enorme en la expresión musical durante la interpretación, pero, una vez más, es la fase “artística” del trabajo de los unísonos lo que más afecta la ejecución en los niveles más sutiles y profundos.

Los pianistas solemos desconcertarnos muchas veces cuando no obtenemos siempre un toque “parejo” o balanceado en diferentes situaciones de ejecución.

Si bien este problema (que todos los pianistas sufrimos comúnmente) puede relacionarse con cuestiones musculares, nerviosas o incluso sicológicas, es indudable que si un afinador no trabajó correctamente los unísonos a lo largo de todo el registro, no hay absolutamente nada que el pianista pueda hacer (al menos en el poco tiempo de que dispone antes de un concierto) para corregirlo, porque se trata ya de un problema inherente al instrumento.

Es muy frecuente que un pianista relate que en “determinado piano” suele obtener un toque más (o menos) parejo; pero no es para nada frecuente que los pianistas nos detengamos a considerar que esto puede deberse también a un incorrecto trabajo en la afinación de los unísonos.

Este problema puede producirse no sólo en lo tímbrico, sino también en el volumen, resonancia y también en la atenuación de las notas. Suele ser muy molesto para un pianista el hecho de encontrarse con un piano que “no le responde” al toque, y de pronto el intérprete siente que ante el mismo toque, se obtienen distintos resultados de una nota a otra.

No es necesario aclarar las consecuencias negativas que esta situación tiene en la concentración, el estado emocional o la tranquilidad del intérprete durante un concierto (para nombrar sólo algunos efectos).

Otro aspecto es el del “ligado”. En el piano, y como también lo describe muy bien Alfredo Casella, el ligado es irreal. El verdadero ligado “cantabile” es perfectamente posible al cantar, en los instrumentos de viento o los de cuerda frotada, porque el intérprete, al estar en contacto directo con la fuente sonora, puede sostener el volumen del sonido una vez emitido, y articular el siguiente sonido sin que el anterior se atenúe.

Es imposible obtener este tipo de ligado “perfecto” en el piano, sencillamente porque el piano es un instrumento de percusión y el sonido comienza a atenuarse inmediatamente después del impacto del martilo en la cuerda.

En realidad hay una muy breve primera fase de incremento de la intensidad, pero no es suficiente para impedir que se perciba el inicio de la atenuación, que es prácticamente simultánea al ataque.

Como se puede comprender fácilmente, en el piano no existe una “línea recta” en la intensidad del sonido posterior a su emisión: el sonido comienza a atenuarse rápidamente, afectando o directamente imposibilitando la obtención de un verdadero ligado.

Un pianista puede recurrir a diversos recursos para compensar esta evidente limitación. El intérprete puede utilizar el pedal “una corda” para mejorar el ligado (porque la cuerda no percutida comienza a vibrar más tarde por resonancia con las cuerdas percutidas y suma su propia vibración durante la fase de atenuación de éstas), pero cualquiera de los otros recursos depende de manera vital de una correcta afinación de los unísonos.

Los demás recursos para obtener una percepción del ligado, al que podríamos llamar “ligado sicológico”, requieren que el afinador haya trabajado los unísonos con la máxima precisión posible, porque ya sea que el pianista busque simular el ligado por igualdad tímbrica, igualdad de volumen o en el ataque inicial, o aún confiando en que la atenuación sea lo más lenta y pareja posible, estos recursos sólo son técnicamente viables si los unísonos están trabajados con la mayor excelencia artística.

Existe otro ámbito musical en el que la afinación de los unísonos cobra una relevancia muchas veces descuidada.

Un enorme porcentaje de la literatura pianística universal consta de dos o más notas articuladas simultáneamente. Ya sea cuando se articulan dos notas juntas (lo que se denomina “intervalo armónico”), tres notas (acorde tríada o simplemente “tríada”) o en cualquier textura armónica de posibilidades prácticamente infinitas, es importantísimo que los unísonos se hayan afinado correctamente, para que ningún sonido se destaque o descienda su intensidad con respecto a los demás en forma no deseada.

El aspecto más importante, más elevado y musicalmente difícil de la técnica pianística, el recurso que realmente separa a un gran maestro de aquel que aún no lo es, la herramienta que indudablemente hace la diferencia en la expresión y llega con la mayor fuerza emocional al oído y al alma del oyente, es justamente la capacidad de un pianista no sólo de obtener la mayor “paleta tímbrica” posible, sino también su manejo de las distintas intensidades en la articulación de los sonidos simultáneos, o sea, su manejo de las “voces internas” en los acordes y texturas polifónicas más complejas.

Sin embargo, por más experto que sea un pianista, por más desarrollada que sea su técnica de interpretación y expresión, nada podrá hacer para expresarlo si se ha descuidado la afinación de los unísonos del piano en el que tiene que dar un concierto.

Conclusión.

Es indudable entonces que, si bien las primeras dos fases en la afinación del piano son fundamentales en su interdependencia con la fase final, es en esta última etapa, la afinación de los unísonos, que el arte del afinador alcanza su expresión máxima, su profundidad más artesanal y musical.

En suma, es en la afinación de los unísonos donde el arte de la afinación alcanza su cima más elevada, y se coloca por derecho propio hombro a hombro junto al arte de la interpretación musical.